Ganadores del concurso (2021)

Anxo Varela Hernández

Universidad de Santiago de Compostela

Grado en Derecho

Soy licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela (desde 2021). Tengo inquietudes en diferentes áreas del mundo jurídico y en otras materias, como economía, política, antropología o filosofía. Además, el año pasado disfruté de una Beca de Colaboración en el área de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la USC. Compagino la labor académica con un contrato laboral, desde hace más de dos años, en la Asociación ASPAS. En la actualidad estoy cursando el Cuerpo Superior de la Administración de la Xunta de Galicia. Asimismo, formo parte de juntas directivas de asociaciones con fines diversos. Además, he escrito artículos en diferentes revistas jurídicas y he asistido a más de cincuenta cursos y conferencias. Soy consciente de la importancia de la posición del ciudadano en la sociedad y de la necesidad de formar parte de la comunidad a la que pertenezco. Soy un verdadero defensor, entre otros, de los valores europeos, la cultura, el medio ambiente y la igualdad en cualquiera de sus aspectos.

Los Problemas Medioambientales Como Retos de Seguridad

La búsqueda de la seguridad medioambiental como arma para salvar el planeta

El texto intenta abordar de un modo muy sintético un breve análisis inédito de las problemáticas medioambientales actuales. Asimismo, se aportan soluciones concretas a nivel macro que ahondan en la necesaria actuación de los estados y del resto de agentes internacionales para, no evitar las amenazas, sino reducir el impacto que estas amenazas pueden llegar a producir en la sociedad. Ello, sin olvidar la indispensable perspectiva de vincular a los ciudadanos de manera individual a dichas tareas e intentar alcanzar mayores cotas de concienciación.

La confianza del humano en sí mismo a menudo no se utiliza como cimiento para la construcción de un entorno más seguro y provechoso, sino para permitir que, sin escapar de las viejas amenazas, las sociedades actuales se acerquen a nuevos riesgos cada vez más imprevisibles y perturbadores; lo que se encumbra hasta puntos inopinados en materia medioambiental. La realidad fáctica que ahora describimos se enfrenta, sin embargo, a la existencia de previsiones legales en esta materia quedemuestran la importancia que, en términos teóricos, se le da a la misma; existiendo incluso referencias a su trascendencia en el artículo 10 de la Ley de Seguridad Nacional, entre otros textos legales.

El avance de las sociedades nos ha permitido vivir de un modo rápido y cómodo aunque dependientes de elementos externos, lo que provoca que el futuro sea más volátil y que ello no solo se transforme en riesgos potenciales sino en realidades tangibles como la pandemia en la que nos hallamos inmersos desde el año 2020. Los problemas medioambientales a los que debemos prestar especial atención son: la seguridad del agua dulce, el propio cambio climático y la deforestación y desertización, entre otros muchos. Además, debemos tener presente que estos no solo obedecen a causas naturales sino que pueden ser causados de manera consciente, aunque quizás encubiertos bajo elementos naturales, como las armas biológicas.

En definitiva, estamos ante un factor multiplicador de amenazas que hace necesarias acciones presentes que, aunque quizás lleguen demasiado tarde para adelantarse a las consecuencias, son necesarias para fortalecer la respuesta y, de este modo, minorar sus efectos, como la persecución de la compensación de la huella de carbono.

 

¿Cuáles son las posibles soluciones?

La confianza en la especie y el avance sin pensar en los costes de oportunidad, ha llegado a un punto de no retorno, por lo que surge la necesidad de concienciar a la población desde edades más tempranas. Por ejemplo, a través de proyectos como el Concurso Defensa y Yo, que no solo permite que los estudiantes universitarios (que deberían ser el eje del conocimiento de las democracias contemporáneas) entren en contacto con la labor de organizaciones fundamentales como la OTAN (que juega un vital papel en cuanto a actuaciones medioambientales se refiere), sino que permite que a través de la reflexión jurídica e intelectual se conciencie a la sociedad de un modo divulgativo y, en consecuencia, mejorar la gestión ambiental y estrechar la relación de las personas y la naturaleza.

Como decimos, todos los esfuerzos han de centrarse en mejorar la capacidad de reacción de los estados antes las insurgencias medioambientales que, de modo concomitante, traen aparejados nuevos problemas sociales, económicos y políticos; como el desplazamiento de personas. De hecho, estos problemas medioambientales son un importante obstáculo para el avance en la reducción de la pobreza en sus múltiples magnitudes. Ergo, resulta imprescindible incrementar la cooperación internacional, contando con estados estratégicos cuyas reticencias no hacen más que poner trabas en la consecución de objetivos como los planteados en los acuerdos internacionales que surgen en el seno de la UNFCCC, como el Acuerdo de París de 2015. Esta cooperación también se ha de producir entre las autoridades civiles y militares y favorecer la creación y/o mayor apoyo a agentes como la UME que, a través de su grupo de intervención en emergencias tecnológicas y medioambientales, tiene capacidad para
contribuir en la defensa medioambiental.

Asimismo, se ha de prestar especial atención a las desigualdades generadas en esta materia, al existir ciertos lugares en los que la multiplicación de las amenazas es más activa, como el Ártico, o algunos que suponen un especial riesgo para el continente europeo, como el Sahel. A efectos de evitar desigualdades en el seno de un mismo territorio, ha de incentivarse legalmente la responsabilidad social de las empresas en materia medioambiental.

Finalmente, entre otras muchas necesarias acciones, ha de fortalecerse la figura de los expertos internacionales y acuciar sus actuaciones en cuanto se observe el surgir de la amenaza. Ello permitirá una mejor securitización del entorno y un análisis lo más puro posible de las causas perturbadoras de la estabilidad democrática. En este sentido, huelga apostar por la labor de los observadores internacionales, de modo tal que sus funciones y actuaciones no se vean mermadas por entornos hostiles (como este mundo pandémico) o por los peligros medioambientales, que podrían traer consigo nuevos problemas en materia de seguridad o el empeoramiento de las condiciones democráticas de países habitualmente cuestionados que aprovechen la parálisis internacional para seguir actuando en detrimento de la población.

En definitiva, existen una suerte de medidas que, pese a las limitaciones y a los condicionantes actuales, ya ineludibles, permitirán adelantar la respuesta el problema más diverso y volátil ante el que la sociedad actual se enfrenta: el mantenimiento de la seguridad ante amenazas medioambientales; así como minorar sus consecuencias.